Demasiado a menudo se habla de las personas de nuestra época
como una masa de autómatas. Tenemos prisa por todo, prisa por comer, prisa por
trabajar o dejar de hacerlo, incluso prisa por crecer, si no creéis esto podéis
mirar todas estas encuestas sobre juventudes, que, aunque en ciertos casos sean
de dudosa veracidad, explican bastante bien como poco a poco queremos ser cada
vez más maduros, y cada vez antes, al parecer no tenemos convicciones propias,
solo seguimos al resto, vamos todos en busca del mismo camino, sin pararnos a
pensar si estamos caminando hacia un abismo, y cuando nos demos cuenta será
tarde para volver antes de que el resto de la masa nos empuje y caigamos al
fondo. Quizás sea problema de un efecto acción-reacción en la evolución, y que
nos estemos acomodando a hacer cada vez menos, a depender cada vez más de un
grupo, o de uno o varios aparatos. Quizás tenga algo que ver el ver que podemos
seguir impasibles, todo parece muy simple. Sin embargo es algo enmarañado y
complejo.
Entre tal torbellino de deberes de variada índole, unos
facturas, otros exámenes, miles de fechas que nos acribillan, plazos ajustados,
uno no se para a pensar en las cosas, está demasiado asfixiado. Hay demasiadas
cuestiones existenciales que pasamos por no intentar contestar, esas con las
que jugaban los antiguos filósofos que los que hayan llegado a cierto nivel de
estudios probablemente odiarán, preguntas sobre el pasado, el presente, el
futuro de las personas, ¿De donde venimos? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué pasará
con nuestro futuro? Y eso es solo la corteza, hay miles y miles de preguntas
que no sabemos, y son demasiadas pocas las respuestas que tenemos en
comparación, las cuales no podemos afirmar con total certeza.
Algo que nos causa especial preocupación, y se va denotando
cada vez más en campañas de concienciación, en los medios, en medidas varias,
es el cuidado de la naturaleza. Es increíble ver, desde un punto de vista
biológico y químico, los complejos mecanismos que tienen para cosas que nos
parecen tan simples como la respiración, o la alimentación. Surgen dudas muy
variadas. Personalmente, una de las que más pienso que da de pensar es la
siguiente, ¿Es la homosexualidad un mecanismo de la naturaleza para evitar la
superpoblación por parte de la especie, a falta de depredadores?
Quizás sea una pregunta algo rebuscada, o quizás sea algo en
lo que merece la pena pensar un poco, sobre todo con todas las influencias que
tiran de nosotros para que adoptemos una postura clara conforme a estas
orientaciones, y lo hacen desde tantos lados, que es casi necesaria tener una
inclinación clara, ahora que por un lado se habla de la igualdad de las
personas sea cual sea su mentalidad en cualquier aspecto, y del respeto que hay
que tenerles, y por otro lado hay casos de psicólogos que han afirmado que la
homosexualidad es una enfermedad. Otros enunciados a sopesar, bastante profundos,
serían, ¿Qué esperamos destruyendo el planeta a esta velocidad en pos de los
intereses de unos pocos? ¿De verdad es inevitable? ¿Qué será de nuestros
nietos? ¿Podrán perdonarnos? Es más, ¿Podrán arreglárselas para continuar
viviendo sin permutar demasiado el estilo de vida actual? ¿O simplemente para
seguir viviendo? Unos son problemas más acuciantes que otros, pero ninguno lo
es bastante para pararnos a pensar en ello, o al menos la mayoría de las veces,
porque en cierto modo espero que tú, lector, hayas sacado un poco de tiempo de
esa frenética rutina que probablemente te atrapa, y reflexiones al menos unos
minutos sobre todo lo dicho más arriba, ya que no hipotéticamente el objetivo
de esto es ese, despertar conciencias, despertar mentes y hacerlas volar,
escapar por un momento de la rutina y los agobios, y si he logrado que al menos
tú lo hagas, ha merecido la pena.