sábado, 25 de mayo de 2013

La mala suerte del adivino

El adivino pasó aburrido y desganado toda su vida porque el futuro no le deparaba apenas sorpresas, siendo su existencia un constante paso de cosas que ya conocía. El mismo era, además, un tipo solitario, por lo que apenas se encariñaba o entablaba relación con otras personas. Sin embargo, esto a veces también ocurría, y cuando el adivino llegaba a estar unido a alguien, le decía que era una pena que no fuesen a estar así más de unos meses, con la esperanza de equivocarse, de encontrarse meses después con la misma persona y tener que aceptar el fallo en su predicción. Pero eso nunca ocurrió, y junto a los sucesos, el adivino tuvo que ver pasar a personas a las que le habría gustado retener, guardar para sí.
Lo único que nunca pudo prever fue que tendría que sufrir todo aquello sin volverse loco, sintiéndolo como un castigo, como una tortura vitalicia, como el peso de una gravedad exacerbada sobre sus hombros.
Que su vida iba a ser una mierda lo habría sabido cualquiera.

viernes, 10 de mayo de 2013

¿Para qué pensar?

La gente de hoy en día ha acabado por creérselo todo. No piensa, clasifica su estado de ánimo. Las historias de los cuentos con los que se nos educa de pequeños parecen tener su correspondencia en su vida, que, lógicamente, tiene que ser perfecta. Cualquier cosa que les digan, siempre que les guste, va a tener que ser verdad. Y si pasa algo distinto, está claro que el culpable es un malo patológico que hay que odiar hasta destruir, para llegar al final feliz del cuento. Y si no existe el malo, habrá que inventárselo: cualquiera que no esté a su favor será un buen candidato. Las capacidades de autoengaño estándar de la actualidad llegan a niveles exagerados. Muy exagerados. Puedes acabar siendo regañado por alguien que, por ejemplo, te ha intentado robar la cartera, de modo que parezca de verdad que el malo eres tú.
-''¿Qué pasa, que no tengo derechos, grandísimo hijo de puta? Claro, como tienes cartera te sientes superior, ¿No? Pues no lo eres. Desgraciado.''
Lo triste es que no es un cuento, y que la persona que se indigna tras perpetrar ella misma una mala obra cree de verdad que tiene razón. Puedes aceptar o no tus errores, pero por lo general, al menos sabes que están ahí. No es el caso: creen que viven en su cuento perfecto, y que todo va a salir bien aunque no estén encerrados entre las páginas de un libro.
Si Nietzsche levantara la cabeza hoy no señalaría al complot platónico-cristiano como culpable de las miserias de Occidente, señalaría al gilipollas que les metió la idea en la cabeza a los niños de que los cuentos se hacen realidad. Y no es así, joder, no lo es.