Hay días en los que es difícil verlo, pero en realidad muchas de las cosas que nos quitan el sueño son tonterías de las que es sencillo salir.
¿No te gusta tu físico? Puedes aprender a aceptarte (que es una pasada) o salir a correr por las mañanas (o lo que te dé la gana, como poder puedes ponerte a hacer el pino por las noches, mientras no te caigas y despiertes al vecino-compañero de piso-o cualquiera)
¿Sientes que tu vida te supera? Puedes intentar superarte y seguir adelante o plantearte metas acordes a lo que puedas hacer de verdad en lugar de meterte a locuras a ciegas (lo que vuelve a implicar aprender a aceptarte, yuju)
¿Te has despertado y te sientes mierda? Aprovecha para tomarte un respiro de la mierda de agobio de vida que llevas (hola Mayo, yo también te quiero), te lo creas o no, sentirse un inútil tiene la ventaja de que, al menos por un rato, no puedes exigirte demasiado a ti mismo.
Sonará a gilipollez, pero las cosas son como las vemos y cambiar tu forma de verlas puede cambiarlo todo en bastantes casos.
Ah, cierto. El vaso está medio lleno de agua y medio lleno de aire, a lo mejor es porque lo irracional es ser negativo.
Y entonces morí, pero esa es otra historia...
lunes, 7 de mayo de 2018
miércoles, 25 de abril de 2018
Narcisismo y bucles
Desde hace unos años mi vida es una continua lección de humildad, llega un punto en el que te das cuenta de que no eres tan importante o tan bueno, de que el mundo es egoísta y que nadie va a venir a sacarte de tu hoyo. Y es curioso, aunque a estas alturas lo tengo completamente interiorizado y comprendido, a una parte de mí no le importa una mierda y sigue teniéndome en un pedestal. El resto, por otro lado, acepta que soy basura. He dejado de intentar acercarme demasiado a nadie porque paso de estorbar o de pasarle parte del muerto a nadie mientras a ratos me come el narcisismo, y no tiene puto sentido pero creo que es lo mejor para todos. Tampoco es que tenga demasiado tiempo para siquiera pensar en el tema con la universidad encima.
Siempre quise aprender a tocar la guitarra, y aunque estoy en ello me sigue faltando tiempo. Las últimas semanas me han vuelto las ganas de ponerme en serio y hacer cosas, pero como no tengo la guitarra, simplemente me paso días recordando una canción que se mantiene en bucle una y otra vez, pensando en la letra, rasgueando el aire como un gilipollas. Ojalá mi yo narcisista fuese más serio y pudiese ponerme en serio con algo, para variar.
Seguro que tanta gilipollez no es normal, me compadezco de la gente a la que le toca aguantarme ahora mismo.
Siempre quise aprender a tocar la guitarra, y aunque estoy en ello me sigue faltando tiempo. Las últimas semanas me han vuelto las ganas de ponerme en serio y hacer cosas, pero como no tengo la guitarra, simplemente me paso días recordando una canción que se mantiene en bucle una y otra vez, pensando en la letra, rasgueando el aire como un gilipollas. Ojalá mi yo narcisista fuese más serio y pudiese ponerme en serio con algo, para variar.
Seguro que tanta gilipollez no es normal, me compadezco de la gente a la que le toca aguantarme ahora mismo.
lunes, 23 de abril de 2018
Recuerdos y desarraigos
Ha llovido muchísimo desde que estaba acostumbrado a escribir, y claro, han cambiado muchísimas cosas. Las personas para las que pensaba que escribía se fueron, otras llegaron; algunas de paso y algunas para quedarse y seguir jodiendo. Qué remedio. Ha llovido mucho - y, contrario a lo que se dice, la lluvia en Sevilla es una puta mierda - y me gusta pensar que no ha sido en vano, aunque algunos días se haga difícil. Y ahora mismo me da vértigo mirar hacia atrás, pero es una de esas cosas que hay que hacer en la vida. Quizás solo escribo esto como un recordatorio de que tengo que releer todo esto después de olvidarme de qué tenía en la cabeza, la autocrítica tiene su morbo. Puede que incluso vuelva a escribir para desahogarme, o para sentirme menos estúpido, porque los años pasan y me oxido demasiado rápido. Demasiado tiempo perdido lamentando el tiempo perdido.
Hace unos ocho años hubo un punto de inflexión brutal en mi vida, y empecé a escribir blogs e incluso alguna historia aleatoria pensando que tal vez podría ser lo mío. Probablemente nunca termine de saberlo, pero casi seguro que la respuesta sería un no enorme. En cualquier caso, hace cinco años vino un segundo punto de inflexión que me tiró en una cuneta de la que tardé demasiado en salir; puede que aún esté en ello. Y hay muchísimas cosas que siento que tengo que volver a repasar en frío, porque soy un capullo. Porque estos puntos de inflexión me lanzaron hacia cosas que no conocía y a las que tuve que improvisar una respuesta, muchas veces la peor posible, y las tortas por el camino no son tan agradables como el subidón de adrenalina cuando te salen las cosas.
Si estás leyendo esto, lo siento porque probablemente casi todo es narcisismo, en este punto estoy asumiendo que a nadie le interesa y si sigo escribiendo será por desahogo, o por tener alguna especie de bitácora a la que mirar atrás. Al fin y al cabo, aunque se leyese importaría poco; esa es la gran ventaja del anonimato, ¿no?
Hace unos ocho años hubo un punto de inflexión brutal en mi vida, y empecé a escribir blogs e incluso alguna historia aleatoria pensando que tal vez podría ser lo mío. Probablemente nunca termine de saberlo, pero casi seguro que la respuesta sería un no enorme. En cualquier caso, hace cinco años vino un segundo punto de inflexión que me tiró en una cuneta de la que tardé demasiado en salir; puede que aún esté en ello. Y hay muchísimas cosas que siento que tengo que volver a repasar en frío, porque soy un capullo. Porque estos puntos de inflexión me lanzaron hacia cosas que no conocía y a las que tuve que improvisar una respuesta, muchas veces la peor posible, y las tortas por el camino no son tan agradables como el subidón de adrenalina cuando te salen las cosas.
Si estás leyendo esto, lo siento porque probablemente casi todo es narcisismo, en este punto estoy asumiendo que a nadie le interesa y si sigo escribiendo será por desahogo, o por tener alguna especie de bitácora a la que mirar atrás. Al fin y al cabo, aunque se leyese importaría poco; esa es la gran ventaja del anonimato, ¿no?
lunes, 21 de noviembre de 2016
Dia 0
Son las tres de la mañana y la almohada está fría. Llueve, la lluvia aquí no es para tanto pero me da igual, me asomo con un cigarro tan cerca como puedo sin que me salpique y es suficiente para calmarse y pensar.
Dicen que las cosas hay que empezarlas donde se dejaron a medias. Bueno, en tal caso me toca volver ya. A lo mejor, para variar, tengo suerte.
Dicen que las cosas hay que empezarlas donde se dejaron a medias. Bueno, en tal caso me toca volver ya. A lo mejor, para variar, tengo suerte.
viernes, 18 de noviembre de 2016
Yo antes molaba
No sé si alguien lee o sigue esto a estas alturas o lo va a leer, pero encontré el blog y por alguna razón necesito dar señales de vida supongo, aunque probablemente esto no va a ser distinto de una nota estúpida en los apuntes.
He perdido la capacidad de escribir como escribía cuando subía cosas aquí, creo. Aunque los temas de los que escribiese fuesen un poco estúpidos mirando hacia atrás. Qué cojones, que pudiese montarme tantísima película de temas tan cutres es admirable. En cierto modo me encanta leer algunas de las cosas y ver hasta qué punto no tenía idea de nada.
Pero oye, sienta bien mirar atrás. A lo mejor lo que necesito para volver a ese yo ingenuo e idealista es meterme otra vez en mi burbuja y despejarme soltando paridas por aquí o por algún otro lado. Cuatro años dan para mucho y puede que sea una forma de desahogarme.
Básicamente eso, yo antes molaba, me creía en la mierda (y aún lo creo) pero no me despertaba sin ganas de hacer nada como me lleva pasando un tiempo. Ya que puede que vuelva a usar este blog voy a dejar esto aquí para desvincular cualquier cosa que ponga a partir de ahora de los rollos que escribí en su día y que en realidad tenían un trabajo detrás y un puñado de metáforas y esa clase de recursos que les encantan a los escritores y a cuatro tontos a los que no nos gusta reconocer ciertas cosas.
Si lees esto pues yo que sé, ¿gracias? ¿lo siento?
He perdido la capacidad de escribir como escribía cuando subía cosas aquí, creo. Aunque los temas de los que escribiese fuesen un poco estúpidos mirando hacia atrás. Qué cojones, que pudiese montarme tantísima película de temas tan cutres es admirable. En cierto modo me encanta leer algunas de las cosas y ver hasta qué punto no tenía idea de nada.
Pero oye, sienta bien mirar atrás. A lo mejor lo que necesito para volver a ese yo ingenuo e idealista es meterme otra vez en mi burbuja y despejarme soltando paridas por aquí o por algún otro lado. Cuatro años dan para mucho y puede que sea una forma de desahogarme.
Básicamente eso, yo antes molaba, me creía en la mierda (y aún lo creo) pero no me despertaba sin ganas de hacer nada como me lleva pasando un tiempo. Ya que puede que vuelva a usar este blog voy a dejar esto aquí para desvincular cualquier cosa que ponga a partir de ahora de los rollos que escribí en su día y que en realidad tenían un trabajo detrás y un puñado de metáforas y esa clase de recursos que les encantan a los escritores y a cuatro tontos a los que no nos gusta reconocer ciertas cosas.
Si lees esto pues yo que sé, ¿gracias? ¿lo siento?
sábado, 25 de mayo de 2013
La mala suerte del adivino
El adivino pasó aburrido y desganado toda su vida porque el futuro no le deparaba apenas sorpresas, siendo su existencia un constante paso de cosas que ya conocía. El mismo era, además, un tipo solitario, por lo que apenas se encariñaba o entablaba relación con otras personas. Sin embargo, esto a veces también ocurría, y cuando el adivino llegaba a estar unido a alguien, le decía que era una pena que no fuesen a estar así más de unos meses, con la esperanza de equivocarse, de encontrarse meses después con la misma persona y tener que aceptar el fallo en su predicción. Pero eso nunca ocurrió, y junto a los sucesos, el adivino tuvo que ver pasar a personas a las que le habría gustado retener, guardar para sí.
Lo único que nunca pudo prever fue que tendría que sufrir todo aquello sin volverse loco, sintiéndolo como un castigo, como una tortura vitalicia, como el peso de una gravedad exacerbada sobre sus hombros.
Que su vida iba a ser una mierda lo habría sabido cualquiera.
Lo único que nunca pudo prever fue que tendría que sufrir todo aquello sin volverse loco, sintiéndolo como un castigo, como una tortura vitalicia, como el peso de una gravedad exacerbada sobre sus hombros.
Que su vida iba a ser una mierda lo habría sabido cualquiera.
viernes, 10 de mayo de 2013
¿Para qué pensar?
La gente de hoy en día ha acabado por creérselo todo. No piensa, clasifica su estado de ánimo. Las historias de los cuentos con los que se nos educa de pequeños parecen tener su correspondencia en su vida, que, lógicamente, tiene que ser perfecta. Cualquier cosa que les digan, siempre que les guste, va a tener que ser verdad. Y si pasa algo distinto, está claro que el culpable es un malo patológico que hay que odiar hasta destruir, para llegar al final feliz del cuento. Y si no existe el malo, habrá que inventárselo: cualquiera que no esté a su favor será un buen candidato. Las capacidades de autoengaño estándar de la actualidad llegan a niveles exagerados. Muy exagerados. Puedes acabar siendo regañado por alguien que, por ejemplo, te ha intentado robar la cartera, de modo que parezca de verdad que el malo eres tú.
-''¿Qué pasa, que no tengo derechos, grandísimo hijo de puta? Claro, como tienes cartera te sientes superior, ¿No? Pues no lo eres. Desgraciado.''
Lo triste es que no es un cuento, y que la persona que se indigna tras perpetrar ella misma una mala obra cree de verdad que tiene razón. Puedes aceptar o no tus errores, pero por lo general, al menos sabes que están ahí. No es el caso: creen que viven en su cuento perfecto, y que todo va a salir bien aunque no estén encerrados entre las páginas de un libro.
Si Nietzsche levantara la cabeza hoy no señalaría al complot platónico-cristiano como culpable de las miserias de Occidente, señalaría al gilipollas que les metió la idea en la cabeza a los niños de que los cuentos se hacen realidad. Y no es así, joder, no lo es.
-''¿Qué pasa, que no tengo derechos, grandísimo hijo de puta? Claro, como tienes cartera te sientes superior, ¿No? Pues no lo eres. Desgraciado.''
Lo triste es que no es un cuento, y que la persona que se indigna tras perpetrar ella misma una mala obra cree de verdad que tiene razón. Puedes aceptar o no tus errores, pero por lo general, al menos sabes que están ahí. No es el caso: creen que viven en su cuento perfecto, y que todo va a salir bien aunque no estén encerrados entre las páginas de un libro.
Si Nietzsche levantara la cabeza hoy no señalaría al complot platónico-cristiano como culpable de las miserias de Occidente, señalaría al gilipollas que les metió la idea en la cabeza a los niños de que los cuentos se hacen realidad. Y no es así, joder, no lo es.
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