sábado, 6 de octubre de 2012

Huyendo

Mientras cruzaba aquella acera ya de vuelta a casa, comenzó a tener la certeza, fría, ya desprovista de rabia, de que no iba a volver a saber de ella en su vida. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si tras tantos intentos de hacerlo y tantas negativas suyas había acabado diciéndole que el único motivo por el que no le había dejado tirado hacía mucho era pena? ¿Pena, cuando ya había intentado mil veces dejarla en paz y nunca lo había conseguido porque ella nunca estaba de acuerdo? ¿Pena, también cuando él no quería ni hablar y ella le insistía una y otra vez para que le contara sus problemas? No tenía ninguna lógica. Tenía que ser una mentira que estaba ocultando de algún modo bajo eso. Y todo el mundo sabía que él odiaba las mentiras, por encima de casi todo. En cualquier caso, poco importaba ya nada. Ni lo que hubiera pasado ni lo que hubiera tenido que pasar. Porque, de un golpe súbdito, como un ladrillo precipitándose de una pared en un terremoto, se habían separado, y era bastante poco probable que se volviesen a unir. Quizás se estaban equivocando, o quizás deberían haberlo hecho hace tiempo. Nadie lo sabe. Y él no tenía demasiado interés en averiguarlo, al menos mientras tuviera otras cosas que hacer, como contener su propia rabia. Pero...¿Por qué?
Eso era lo que había en su mente cuando, aquella noche, en la oscuridad, cruzando un paso de peatones, un borracho le hizo saltar unos dos metros antes de dejarlo tirado en un charco y darse a la fuga. Ni más muerto que vivo pudo estar tranquilo. Ni más muerto que vivo tuvo siquiera la indiferencia ante que ella fuera a ayudarle.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Bocetos de cólera

Las diferencias. ¿Por qué nos fijamos tanto en ellas? Están ahí, y parecen un antagónico del sexo: nos encanta señalarlas. El negro que se sienta a nuestro lado en el autobús, que viste de otra forma, habla de otra forma, piensa de otra forma, e incluso vive de otra forma. El adulto con sus distintas responsabilidades, el que no da un palo al agua, el loco insensible, el gilipollas demasiado sensible. Todo.
Siempre hay algo diferente y siempre está mal esa diferencia. ¿Por qué? ¿De donde han sacado el molde perfecto de persona al que tengamos que ajustarnos nos guste más o menos si queremos encajar medianamente bien entre los demás? Y lo más importante; ¿Por qué sois tan gilipollas de querer encontrar ese molde para copiarlo perfectamente, y no para quemarlo hasta que libere a todos los pobres subnormales que están perdiendo su forma de ser, sus ideales, su físico, y hasta su puta salud por ello?
Joder, qué asco que me dais a veces.