domingo, 26 de agosto de 2012

Abrir una ventana en la mente


Demasiado a menudo se habla de las personas de nuestra época como una masa de autómatas. Tenemos prisa por todo, prisa por comer, prisa por trabajar o dejar de hacerlo, incluso prisa por crecer, si no creéis esto podéis mirar todas estas encuestas sobre juventudes, que, aunque en ciertos casos sean de dudosa veracidad, explican bastante bien como poco a poco queremos ser cada vez más maduros, y cada vez antes, al parecer no tenemos convicciones propias, solo seguimos al resto, vamos todos en busca del mismo camino, sin pararnos a pensar si estamos caminando hacia un abismo, y cuando nos demos cuenta será tarde para volver antes de que el resto de la masa nos empuje y caigamos al fondo. Quizás sea problema de un efecto acción-reacción en la evolución, y que nos estemos acomodando a hacer cada vez menos, a depender cada vez más de un grupo, o de uno o varios aparatos. Quizás tenga algo que ver el ver que podemos seguir impasibles, todo parece muy simple. Sin embargo es algo enmarañado y complejo.
Entre tal torbellino de deberes de variada índole, unos facturas, otros exámenes, miles de fechas que nos acribillan, plazos ajustados, uno no se para a pensar en las cosas, está demasiado asfixiado. Hay demasiadas cuestiones existenciales que pasamos por no intentar contestar, esas con las que jugaban los antiguos filósofos que los que hayan llegado a cierto nivel de estudios probablemente odiarán, preguntas sobre el pasado, el presente, el futuro de las personas, ¿De donde venimos? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué pasará con nuestro futuro? Y eso es solo la corteza, hay miles y miles de preguntas que no sabemos, y son demasiadas pocas las respuestas que tenemos en comparación, las cuales no podemos afirmar con total certeza.
Algo que nos causa especial preocupación, y se va denotando cada vez más en campañas de concienciación, en los medios, en medidas varias, es el cuidado de la naturaleza. Es increíble ver, desde un punto de vista biológico y químico, los complejos mecanismos que tienen para cosas que nos parecen tan simples como la respiración, o la alimentación. Surgen dudas muy variadas. Personalmente, una de las que más pienso que da de pensar es la siguiente, ¿Es la homosexualidad un mecanismo de la naturaleza para evitar la superpoblación por parte de la especie, a falta de depredadores?
Quizás sea una pregunta algo rebuscada, o quizás sea algo en lo que merece la pena pensar un poco, sobre todo con todas las influencias que tiran de nosotros para que adoptemos una postura clara conforme a estas orientaciones, y lo hacen desde tantos lados, que es casi necesaria tener una inclinación clara, ahora que por un lado se habla de la igualdad de las personas sea cual sea su mentalidad en cualquier aspecto, y del respeto que hay que tenerles, y por otro lado hay casos de psicólogos que han afirmado que la homosexualidad es una enfermedad. Otros enunciados a sopesar, bastante profundos, serían, ¿Qué esperamos destruyendo el planeta a esta velocidad en pos de los intereses de unos pocos? ¿De verdad es inevitable? ¿Qué será de nuestros nietos? ¿Podrán perdonarnos? Es más, ¿Podrán arreglárselas para continuar viviendo sin permutar demasiado el estilo de vida actual? ¿O simplemente para seguir viviendo? Unos son problemas más acuciantes que otros, pero ninguno lo es bastante para pararnos a pensar en ello, o al menos la mayoría de las veces, porque en cierto modo espero que tú, lector, hayas sacado un poco de tiempo de esa frenética rutina que probablemente te atrapa, y reflexiones al menos unos minutos sobre todo lo dicho más arriba, ya que no hipotéticamente el objetivo de esto es ese, despertar conciencias, despertar mentes y hacerlas volar, escapar por un momento de la rutina y los agobios, y si he logrado que al menos tú lo hagas, ha merecido la pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?