Son las tres de la mañana y la almohada está fría. Llueve, la lluvia aquí no es para tanto pero me da igual, me asomo con un cigarro tan cerca como puedo sin que me salpique y es suficiente para calmarse y pensar.
Dicen que las cosas hay que empezarlas donde se dejaron a medias. Bueno, en tal caso me toca volver ya. A lo mejor, para variar, tengo suerte.
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¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?