-¡Joder!...¡Mierda!...¡Tío!...¡Que duele!...
...
-Pero vamos a ver, ¿Tú quieres sacarte esas espinitas o no?
-Sí, pero, ¿Donde vas, pedazo de cabrón? ¿Por qué tienes que hacerme tanto daño?
-Más te dolerán a la larga si las dejas, y lo sabes. Pero si quieres las vuelvo a colocar en su sitio. O podemos continuar.
-Joder, de acuerdo. Eres una tocapelotas, conciencia. ¿Qué quieres que te cuente?
-Muchas cosas. Pero tiene que haber un orden.
-¿Y por qué? Si hubiera un orden nada de esto habría tenido que ser. Vivimos entre el caos.
-¿Tú crees?
-...
-¿Por qué ya no escribes?
-No lo sé.
-Vamos a ver, ¿Tengo que repetirlo?
-No estoy seguro. Tendrá que ver con todo, o con nada.Con lo último que escribí. Con donde fueron quienes me inspiraban. Con cómo he perdido la práctica y las ideas, y las ganas, y todo.
-Pero no estás mucho mejor después de haberlo parado.
-Quizás sea porque paso de escribir sobre dolor, crudamente. Quien quiera ver dolor puede encender la televisión cualquier día, ver lo mal que va su país, los muertos de hambre, la forma de pisotear a todo el mundo de algunos. Los conflictos.
-¿Pero tú escribes para alguien? Habíamos quedado que era para ti, y que lo compartías para liberarte.
-Joder, ¿Y qué más da? Pensaba que sabrías que era una puta excusa.
-No, porque sí que tiene que tener que ver con lo último que escribiste. ¿Tanto te acecha ese fantasma...?
-Demasiado.
-Quémalo.
-Ojalá. Pero no es tan fácil arder con esta lluvia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?