viernes, 20 de enero de 2012

Chustas

Seguro que sales a la calle. El asfalto gris ya está en todo el mundo, y si en tu entorno no lo hay es algo raro que estés leyendo esto. Una pregunta que te podría hacer es, ¿Alguna vez te has decidido a observar atentamente el suelo de las calles que pisas? Probablemente no. No te importará que haya un guante roto, una fruta amarga y podrida, una botella rota, siempre y cuando no se ponga en tu camino y pueda cortarte. Es algo parecido a lo que acaba pasandonos en la vida. Vas caminando, siempre mirando hacia delante, y nunca te fijas en lo que pueda haber a los laterales. Mira, allí había una persona que podría haber sido un hombro en el que apoyarte en esa mala racha, pero no supiste confiar en ella, y la dejaste a mitad del camino. Esa persona es como un billete, arrugado, dañado, medio roto, que se queda ahí, esperando a que otro transeúnte en este camino que llamamos vida la recoja, quizás la recoja, le ofrezca cobijo, aceptación, e intercambie pensamientos y vivencias, palabras y experiencias. Luego mirarás atrás, quizás incluso te des cuenta de lo que has perdido, y volverás corriendo, bajo la lluvia, cual escena romántica de película pastelosa, buscando a esa persona, pensando en por qué no te diste cuenta antes de lo que estabas perdiendo, rezando incluso por que esté ahí, aunque no creas en nada de eso, y cuando veas que la has perdido, la lluvia se tornará maremoto, y poco a poco, acumulando, irás hacia adelante, sin volver la vista, inundado por dentro, así hasta que llegue el momento en el que ya no aguantes más, y empieces a soltar lágrimas sin darte cuenta. Quizás alguna vez os ha pasado, llorar sin saber el porqué, o hacerlo por cualquier cosa, por cualquier excusa, intentando encontrar el desahogo a algo más profundo que eso. Si todo lo que hubiera en nuestra vida fuera así, algo de consideración con las personas bastaría, pero claro, también hay cristales, miles de cristales, que se te pueden incrustar, sanguijuelas venidas del arroyo de al lado del camino, que tratarán de chuparte todo, menos lo que te gustaría que te chuparan, hasta la sangre. Joder, que panorama, que pesimismo, no se puede ser así. Pero, sinceramente, ¿De verdad todas las personas que han quedado atrás están perdidas del todo? Vuelve sobre tus pasos, deja ese orgullo y quitate el yugo, date la vuelta, atrévete a darle la mano, levantar a esa persona, y decirle, tú quisiste ayudarme, y no te dejé, pero; ¿Me dejarás ayudarte a tí ahora? ¿Me perdonas?
¿Imaginais la alegría que podría daros cada sí? ¿Por qué no probais? Quizás el recuperarlas os ayude a no perderos en el camino, ya que hay mil desviaciones, y no todas acaban en final feliz.Y aunque haya veces en las que no te sirva de nada, tampoco va a hacerlo el orgullo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?