Todo está muy sobrevalorado, menos el poder del momento. Siempre te enseñan, desde pequeño, a ser metódico, a tener toda tu vida esquematizada, saber que vas a hacer en cada momento, como, donde, por qué y para qué. ¿Y donde se queda el valor de improvisar las cosas, de hacerlas sin darles tantas vueltas? Tirado en la acera, con tus ilusiones o las mías, después de una noche de porros y más porros y de beberse hasta los floreros, una de esas ocasiones en las que algo te hace ser autodestructivo, y que hemos vivido tú o yo, aunque luego seamos beatos. Hace siete años estaba de excursión en una antigua cantera, estando en el colegio, con una serie de personas que me traen tanto bonitos como amargos recuerdos y que con el tiempo han desaparecido de mi vida cuales fantasmas, dejándome aquí con mi nostalgia, aunque me desvío del tema. No sé si todos sabréis la estructura de una cantera, una mina a cielo abierto, ni si todas son iguales. Aquella era una especie de gran tazón en la que uno podía ir bajando a partir de un terreno ligeramente inclinado, parcialmente formado por mármol y calizas, hasta una zona en la que empezaban a aparecer grandes rocas de mármol y derivados, que en aquel entonces no terminé de suponer, pero eran las zonas inexplotadas, quizás por falta de rentabilidad. Una mañana visitando algo así siendo niño, pues tiene lo que tiene, hubo tiempo de investigar todo. En alguna parte había un pequeño cristal de amatista, yo tampoco sabía lo que era en aquel entonces, ni sé ahora como pudo aparecer en ese tipo de cantera, pero me encantó. Era demasiado perfecto, incluso sus impurezas, sus defectos, me parecieron bonitos. Lo cogí y fue directo al bolsillo de aquel chico que no había caído en la advertencia de sus profesores de no coger nada de la cantera, solo por un capricho, un capricho tonto, como la mayoría de primeros amores que tenemos. Pero por a o por b, esa roca se instaló en el escritorio de aquel pequeño energúmeno, y le fue acompañando en todo lo que pasaba. La muerte de un ser querido, ilusiones, decepciones, añoranzas y sueños, todos inmersos entre los tonos violáceos de un cristal que está ahí ahora mismo, pidiendo que le limpie el polvo que ha ido acumulando entre mudanza y mudanza, hogar a hogar, y recordándome que debería estar estudiando. Sé que otros tenéis la música, otros antiguos peluches, y alguno incluso habitaciones antiguas de cuando érais pequeños llenas de recuerdos y cosas vuestras. Pero mi única conexión al pasado es ahora mismo eso, una piedra, fruto de la inspiración de un momento. Como es así, sé que bastantes de los mejores momentos que pasen en mi vida serán improvisadas, y de las vuestras, y de todas, y si no es así serán menos bonitos. Así que dejad de pensar tanto en el futuro, dejad de hacer tantos y tantos planes, pensad simplemente en ir llevando el día a día, y como todos, tendréis ilusiones, pero que no se os vaya el hoy por un mañana incierto.
Dedicaría este escrito a alguien, si no hubiera perdido su pista entre la bruma del tiempo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?