Las cosas en el mundo tienen un sentido, un como, un porqué, un cuando y un para qué. Pero todo eso se nos escapa a las personas, que solo buscamos conseguir cosas que se nos incrustan en la mente y nos hacen perder la razón, la cabeza, las llaves, la ilusión, las gafas, el mando de la tele y hasta los principios. Da igual que lo que quieras sea un yate como el del rey, tocarte los huevos (más) todos los días o estar con una persona que es especial, o al menos así la ves tú, y, ¿Para que vamos a quitarte la ilusión?
Pero es algo que nos cuesta demasiado el aceptar que el yate del rey es edicion limitada, que si te tocas más los huevos te vuelves estéril, o que no puedes estar con la persona con la que quieres estar, y no quieres aceptar que en realidad no es tan especial y dejarla pasar. Nos cuesta aceptar que si hay un comienzo es para que haya un final, y que sin un final no hay un nuevo comienzo, nos negamos a cerrar el círculo. No puedes tener todas las historias que quieras, habrá muchas, pero para que unas empiecen otras tendrán que acabar, y no pueden estar todas siempre en el momento que tú prefieras. El círculo avanzará, pasará la parte que te gustará y echarás de menos, y luego la nostalgia te hará intentar repetirlo exactamente, tal y como era, en lugar de aceptar que esa persona no volverá a ser como antes, ni tú tampoco, y que ambos tendréis que buscar otra historia si quereis que algo sea como antes, o al menos parecido. Es cierto que hay historias más largas, otras más cortas, y que no siempre coincide lo que pasa, cuando y como pasa, ni cuanto dura esa etapa concreta, pero no es algo que tú puedas saber, o controlar, aunque la mayoría creamos que sí, es algo que tenemos que entender. No podemos controlar lo que pasa con nuestras vidas, solo podemos intentar guiarlas hacia donde queramos, el resto esta en manos del azar.
Todo da demasiadas vueltas, y no puedes controlarlo, la pregunta es entonces, ¿Por qué nos esforzamos tanto en intentar hacerlo y el no conseguirlo nos afecta tanto al ánimo? Solo somos espectadores, sombras que pasan por un mundo que no comprendemos, no merece la pena estar el poco tiempo que pasamos preocupados por cosas que no vamos a saber cambiar. ¿O sí? Eso ya es asunto vuestro, siempre y cuando no salpiquéis a otros que han decidido no amargarse la existencia.
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¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?