martes, 21 de febrero de 2012

¿Personas o recipientes?

Un recipiente. Puede tener mil formas, mil tamaños, mil lugares y modos de poner en movimiento sus contenidos, unos más cerrados, impermeables, otros permeables, e incluso los hay coladores, y mezclas de todo. Los recipientes que hay en tu casa,porque tienes casa, ¿No? Porque no creo que estés leyendo esto desde un puente; así que supongo que sí, que tienes recipientes de todo tipo en casa. Desde un cenicero hasta un vaso, o tu bañera, pasando por un cazo o un colador. Unos almacenan cenizas, otros agua, o a ti mismo, otros macarrones o tallarines. Lo que almacena una persona, como recipiente, son, principalmente, sentimientos, aunque también otras cosas como ilusiones, esperanzas, y sueños, aunque muchos de estos estén ya rotos o caducados. Odio, amor, amistad, rabia. Besos que nunca tendrás suficiente tiempo para dar, abrazos eternos que se ahogan en una almohada para disgusto tuyo y de su receptor, adrenalina capaz de herir o sanar heridas, de intentar matar, de dolor o de placer, a otra persona, y al mismo tiempo a ti mismo. Nos convierten en jueces, verdugos y víctimas, todo a la vez, y el exceso de responsabilidades nos horadan internamente. No somos capaces de almacenar tantas cosas, y tan diferentes, hacia tanta gente. Esto provoca que más veces de las que deberíamos descarguemos nuestros sentimientos con personas equivocadas, dando lugar a situaciones desastrosas en todos los casos, tanto hacia un extremo como hacia el otro.  Amor dado a personas que ni lo quieren ni lo merecen. Odio ofrecido a la persona que amas que os daña a ambos. Pero también hay cosas en todo esto que sí que son lícitas, que tienen su sentido. La ilusión de tener noticias de alguien importante, o el shock al saber algo impactante acaecido a alguien que en algún momento lo fue, ante el hecho de que no sabes ni qué pensar sobre ello. Todos estos sentimientos, todas estas sensaciones, ilusiones, sueños, que vamos almacenando en nuestro ser, reaccionan entre sí, es pura química, no la química que se enseña en los libros, pero una parecida, en la que las cosas se van conjuntando, el cariño y el apego dando forma a un amor o algo parecido, la sensación de que la persona se ha hecho un pequeño hueco en tu interior, en un lugar muy concreto, el deseo de que no quiera hacer reformas ahí, y que sea una buena inquilina, o incluso se quede; el dolor y la decepción como la semilla del odio, del desarraigo, del no querer volver a saber nada de una persona, o querer que todo lo que sepas sobre ella sea malo, que millones de brazos salgan del suelo y la despedacen, y te entreguen en bandeja de plata su corazón, si es que lo encuentran. Y cuando todo esto se mezcla surge un agregado explosivo en el que no sabes que quieres hacer, o se mezclan cosas demasiado opuestas. Ahora mismo yo estoy un poco así. Pero en lugar de ir y matar a besos a alguien, o buscar a otra persona y simplemente matarla, me estoy desahogando aquí. Ya, yo tampoco entiendo a los escritores.

1 comentario:

¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?