Todos somos creídos, unos más que otros. En realidad, no es algo que dependa de nosotros mismos, sino más del resto de personas. Por eso hay quienes dicen cosas que tú ves y piensas que ni ellos se creen, tanto en un sentido como en el otro. ¿O nunca habeis visto a una chica preciosa decir que es fea con una sinceridad que te hace evitar pensar en la falsa modestia? ¿Ni a un loco más feo que la cara oculta de la luna definiéndose a sí mismo guapo, sintiéndose orgulloso de su inexistente belleza e incluso despreciando a otros más agraciados haciendo comparaciones con su propio físico?
Esto se explica más fácilmente de lo que pensáis, o quizás sea algo más sabido de lo que yo he pensado cuando he empezado a escribir esto. El resto de las personas son las que ponen barreras a nuestro propio narsicismo. Un cumplido, una mirada, un comentario que denote envidia nos dejan más espacio, un insulto, una risa, un rechazo incomprensible por otro motivo, van estrechando el círculo. Así es como el resto de las personas van formando un pequeño trocito de lo que somos nosotros. Y si son capaces de controlar el que seamos modestos de forma obligada o por el contrario unos narsicistas, ¿Qué no pueden hacer?
Es una verdad bastante incómoda. Tú eres parte de todas las personas que han pasado por tu vida, de las que están pasando, y serás de las que vayan a pasar, tanto en lo que es tu exceso o carencia de humildad. ¿Y si de todas esas personas que conforman tu entorno hay muy pocas que realmente te resulten agradables? ¿Vas a ser un ser hostil por culpa de tu entorno? Sí. ¿Y si todos te tratan mal? Puede que trates mal a las personas que interactúen contigo, o que simplemente temas o desconfies del resto de personas. Y así puede seguirse especulando hasta llegar a una lista infinita de cosas que puedes ser según como te trate la gente, y que te pueden perjudicar, o preparar. Ya que si todos te tratan bien y eres demasiado confiado, puedes llevarte una gran desilusión que aumentaría por la confianza que habías puesto en quien te desilusionase. Por lo que puede ser incluso peor crecer entre algodones que entre alfileres. Y esto nos introduce a algo parecido a ciertas situaciones en las que se está entre la espada y la pared. Todo está mal, bienvenidos a la realidad, bienvenidos a la jungla.
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¿De verdad está tan mal como para dejar indiferente?