jueves, 23 de febrero de 2012
Posibilidades
Vivimos en un mundo. Eso nos queda claro a todos. No sabemos si hay otro, o si es único. No sabemos si estamos aquí por algo, o somos el resultado de una mera tirada de dados. El tirar unos cien dados icosaédricos a la vez, y sumar, que aunque solo sería un pequeño espectro de todas las posibilidades que podrían haber existido en lugar de la que fue, nos sirve para imaginarlo todo un poco mejor. 984. Planeta Tierra, será una roca de forma redondeada, en la que se entremezclarán bosques, sabanas, glaciares, que estarán en las puntas, montañas, todo emergiendo sobre la soberanía del agua, agua salada, bajo un cielo azul, con nubes blancas o grises en tormentas, que varía su color según toque a esa parte del planeta la luz del sol, puede ser rojizo cuando se oculta, totalmente azabache cuando desaparece, bañado por los rayos de luna que evitan una oscuridad absoluta. El planeta estará plagado de muchísimas criaturas, entre las que destacarán los seres humanos. que buscarán luchar contra la naturaleza que les dio la vida, escapar de la muerte, de la vegetación, del planeta, buscando nuevos horizontes, en un afán perfeccionista exacerbado por el narcisismo de esta especie. Imaginad. ¿Que habría pasado si en lugar de 984 las caras de estos dados hubiesen sumado 1371? ¿El planeta Granito, un lugar árido y horadado por los meteoritos que habrían chocado contra él en unos primeros momentos de creación y que formarían cuevas que al ir entrelazándose supondrían un entramado de galerías a salvo del abrasador calor de las cercanas estrellas que hacían arder el exterior y que se convertirían en el único lugar habitable de ese mundo hostil y oscuro? ¿Una atmósfera llena de hierro, sulfatos y nitratos que diera al lugar un color rojizo e insalubre? ¿Unos monos inútiles en peligro de extinción, escondidos entre las rocas, viviendo de la búsqueda de raíces y aguas pertenecientes a acuíferos que en muchos casos serían geiseres que quemarían al pobre ser que se acercara a recoger una parte de su contenido para poder vivir, monos diezmados por su mala evolución, por la tenencia de un sentido de la vista que sería completamente inútil? ¿Miles de depredadores en una pirámide alimentaria en la que esos monos estarían entre lo más bajo? ¿Que seríamos entonces? Ni la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de la bolsa de basura que ayer se te pegó en el pie, y de la cual te deshiciste con un mero gesto. Insectos sintiéndose afortunados de estar, cuando no deberían estar, quizás ni haber aparecido nunca, pero siguen ahí, aunque no siendo ni tan solo una molestia, una parte insignificante dentro de la existencia. Y no entendemos que en el mundo en el que vivimos, en el que hemos tenido una inmensa suerte (yo me considero afortunado tan solo por tener medios y conocimientos suficientes para poder escribir esto, aunque entiendo que a ti no te pase igual al leerlo, quizás veas la entrada como una basura, o algo peor) tampoco somos mucho más importantes. Nos cuesta demasiado aceptarlo. Como el hecho de que vivimos en un mundo de posibilidades, también de imposibilidades, pero eso es un efecto de un dualismo del que nada ni nadie puede escapar. Para que haya bien tiene que haber mal. Para que haya amor tiene que haber odio. Y para que haya algo que puedas hacer, tiene que haber otra cosa que no puedas estar haciendo, por mucho que esta sociedad nos insista en que tenemos que ser capaces de hacer dos cosas a la vez, incluso más. Pero no, no podemos estar haciéndolo todo. Si yo estoy aquí escribiendo esto no puedo estar a la vez a más de cien kilómetros de aquí, visitando a una persona importante, algo que querría hacer tanto o más que esto. Tampoco puedo estar entrando en la casa de alguien que odio y que quizás viva a un par de horas de aquí con un hacha. No. Hay que elegir una cosa, y a veces no todas son posibles, quizás por las consecuencias, quizás también por las causas, o porque simplemente no se pueden. No puedes teletransportarte. No puedes medir cinco metros. No puedes andar por el agua. No puedes sobrevivir a -50ºC. No puedes sobrevivir a 100ºC. Pero hay ocasiones en las que puedes volar, ir en avión a donde quieras, ver mundo, ver personas. Hay ocasiones en las que puedes moverte por el agua, a distancias a las que te sería imposible nadando, un barco, un crucero. Incluso, y esto se infravalora demasiado, hay muchísimas ocasiones en las que puedes moverte por el mapa a una velocidad unas 40 veces mayor a la que lo harías andando, y sin cansarte, coge un coche. Y eso es algo que la mayoría de personas ahora mismo hacemos, es una posibilidad que hemos tenido. ¿Sabéis cuanto habría pagado un neandertal perseguido por un lobo, un tigre, o cualquier animal por el estilo por tener un coche? ¿Tenéis la más mínima idea? Yo tampoco. Pero seguro que le daría más valor que la mayoría de personas que ahora mismo lo ven como una obligación, e incluso lo odian. Es una posibilidad, el odiarlo. Y como cualquier otra, quizás sea válida, pero no es la misma que habría elegido otra persona. La contingencia que existe en el mundo, el poder ser verde, blanco, negro, rojo e incluso naranja o gris, es lo que le da a la vida su interés. Tu puedes elegir la opción que más te plazca de entre un abanico amplísimo, y eso se demuestra en todo. ¿Que puedes comer hoy? ¿Que carrera quieres estudiar? ¿Cómo te quieres vestir hoy? Es más, ¿Quieres vestirte hoy? ¿Por qué no quedarte simplemente desnudo en tu cama, en lugar de levantarte? Posibilidades, todas válidas, todas con sus causas, consecuencias. Ir a por un vaso bien colmado de ron-miel. Hurtar una cajetilla de tabaco, un mechero, y preguntarle al humo su opinión sobre todo esto. Seguir escribiendo. Esas son las que yo barajo ahora mismo, por poner un ejemplo. Seguir leyendo, dejar de leer, tirar el ordenador por la ventana, contactar con el autor para decirle que está loco. Esas pueden ser las que estés barajando tú ahora mismo. Y unidas a otras cientas de posibilidades tuyas, otras cientas de posibilidades mías, y pensando que hay cientas de miles de personas como tú y yo, creamos una red de posibilidades enorme, indescriptible incluso, que hace que todo sea impredecible, y le da interés a la existencia. Excepto el tiempo, que no deja de correr, siempre a nuestra contra, todo puede cambiar, y según la ley de la relatividad que un día propuso un tal Albert, incluso esto tiene la posibilidad de cambiar. Un mundo de posibilidades, ¿A que no suena mal? En tal caso, ¿Por qué nos cerramos todos tantas posibilidades y nos obligamos a pensar que no tenemos opción? Yo no lo sé. Quizás sea el afán autodestructivo que acompaña de la mano al narcisismo del que hacemos gala las personas, que no los hombres, ya que hay demasiados hombres que han elegido la posibilidad de ser títeres en lugar de personas. Son los mismos que no hacen nada por nada ni nadie, solo miran su ombligo. Solo miran su vida. Egoístas en demasía, parásitos varios que van carcomiendo todo. También existen los hombres que prefirieron ser monstruos, pero son algo que no he llegado a entender, y algo en mi interior me dice que prefiero no hacerlo.
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Holly wall of text batman
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